Durante la mayor parte de la parábola cronológica descrita por la civilización nurágica, los únicos lugares de enterramiento fueron las «tumbas de los gigantes», nombre que la tradición popular local da a estos monumentos funerarios nurágicos típicos. Las tumbas de los gigantes son edificios alargados (pueden alcanzar hasta 30 m), hechos completamente de piedra.
Se caracterizan por la forma planimétrica que recuerda la imagen esquemática de un prótomo taurino, resultado de la presencia en la fachada del monumento de dos brazos laterales arqueados, que forman la llamada exedra.
La exedra podría realizarse con el sistema de ortostato, es decir, con una serie de piedras dispuestas en forma de cuchillo, o con el sistema de mampostería, siempre lítico. El tipo ortostático se caracterizaba por la presencia en el centro de una estela curva, más alta que los demás ortostatos.
La cámara interior estaba cubierta con un sistema de bandas planas.
En el interior de las tumbas de los gigantes se practicaba el ritual funerario del entierro colectivo, algo que sorprende en parte si lo comparamos con una sociedad como la nurágica que se nos presenta, basada en el conjunto de datos materiales y caracterizada por una fuerte jerarquía.
En fases cronológicas posteriores, surge una nueva práctica funeraria: la de los entierros individuales dentro de pequeños pozos, como en la necrópolis de Monti Prama (Cabras), donde se encontraron las famosas estatuas nurágicas que representan personajes humanos a tamaño natural.
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