La palabra «tophet» en la Biblia designaba un lugar cerca de Jerusalén donde se creía que se practicaba el sacrificio de niños. Más tarde, el término pasó a designar todas las áreas sagradas de los centros urbanos fenicio-púnicos destinadas a la deposición de urnas cinerarias que contenían los restos de niños, colocadas en este lugar para confiarlas a la protección de la diosa Tanit.
La deposición de las urnas debía realizarse de acuerdo con un ritual específico, que también implicaba la deposición de las características estelas votivas.
La presencia real de restos de niños en el interior de las urnas nos ha hecho considerar fiable durante mucho tiempo la hipótesis de que el tófet era un lugar destinado a la práctica de sacrificios humanos, en particular al sacrificio de los hijos varones mayores de familias nobles que luego «pasaban por el fuego».
Hoy en día, esta hipótesis parece cada vez más infundada y es el resultado de una acción de propaganda negativa llevada a cabo primero por los judíos y luego por los romanos contra los fenicios y los cartagineses (los fenicios de Cartago).
En realidad, parece mucho más cierta la hipótesis según la cual el tophet es un lugar destinado a depositar los restos de niños y niñas (como lo demuestran claramente algunas inscripciones votivas grabadas en las estelas) que nacieron muertos (en algunos casos son fetos) o que murieron en los primeros años de vida por causas naturales.
Las inscripciones demuestran con la misma claridad que el tofet podía alojar a niños pertenecientes a familias no nobles o incluso extranjeras.
Debido a su función como lugar de enterramiento para niños, es evidente que el tófet siempre mantiene una relación espacial y conceptual directa con un área urbana. Esto significa que, para los arqueólogos, detectar las huellas de la existencia de un tófet en una zona determinada es siempre un indicio de la presencia de una ciudad en las inmediaciones.
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