Los «bronces» representan la forma de arte más conocida entre las producidas por la cultura nurágica. Se trata de pequeñas estatuas de bronce (los ejemplares conocidos alcanzan una altura máxima de 35 a 40 cm) obtenidas con la técnica denominada «cera perdida».
Esta técnica consistía, en una primera fase, en la creación en cera del modelo del objeto que se pretendía fabricar en metal; en una segunda fase, el objeto se cubría de cera con arcilla refractaria; en la fase final, se vertía bronce fundido en lugar de cera.
Estas figurillas, creadas (se cree) ex vota, representan una amplia gama de personajes: arqueros, hoplitas, boxeadores, luchadores, varias figuras femeninas, varios tipos de animales, numerosos objetos relacionados con la vida cotidiana, maquetas de nuragas, barcos y más.
Para nosotros, se trata de una fuente iconográfica preciosa, capaz de ofrecernos una visión transversal muy eficaz y sugerente del mundo nurágico.
Si, como se ha dicho, no parece haber duda entre los estudiosos sobre la atribución de la función ex vota antes mencionada a esta categoría de objetos, su cronología (que fluctúa, según las opiniones, entre el final de la Edad del Bronce final y la Edad del Hierro completa) no parece estar del todo clara.
La cuestión no es en absoluto secundaria. De hecho, la posibilidad de captar el valor cultural de estos objetos en el matiz correcto depende del marco cronológico.
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